domingo, 26 de agosto de 2012

Once Caldas aunque jugó mejor, no pudo con Millonarios.


A la hinchada de Millonarios no le importa que su equipo haya jugado mal ante el Once Caldas. Como hace mucho tiempo no ocurría, este domingo el conjunto azul mostró jerarquía en los momentos cruciales del encuentro, hizo respetar la casa y ganó 2-1 para mantenerse como líder solitario de la Liga Postobón II.

Las razones de la victoria son dos: se paró bien atrás y fue contundente arriba. Porque aunque le cedió la pelota y la iniciativa al cuadro visitante, no le permitió generar tantas opciones claras de gol. Y cuando se decidió a atacar, lo hizo con peligro.

Eso fue lo que ocurrió desde el pitazo inicial, porque al Caldas le importó poco que las tribunas estuvieran vestidas de azul y salió a buscar la victoria, a presionar en campo contrario.

Y sorprendió a Millonarios, que apenas a los 15 minutos se sacudió del dominio visitante, aunque lo hizo con un tremendo golazo de Rafael Robayo, quien sacó un potente remate desde 30 metros, que se metió en el ángulo superior izquierdo del arco de Juan Carlos Henao, quien no pudo hacer nada.

La anotación no cambió la historia del partido. Al contrario. El Once, dirigido por Ángel Guillermo Hoyos, siguió atacando, mientras Millonarios, cuyos volantes creativos estaban más preocupados por marcar, le apostó solamente al contragolpe.

Pero, como ha sido característico en este torneo, el equipo de Hernán Torres no dejó espacios y fue muy aplicado en su línea defensiva. Eso sí, se notó que Rafael Robayo y Juan Esteban Ortiz saben más con la pelota, pero marcan menos que Jhonny Ramírez y Elkin Blanco, quienes venían jugando, pero estuvieron ausentes por sanción.

El Once, de la mano de Jamell Ramos y Mario González, pudo empatar, pero se encontró en dos oportunidades con el arquero Nelson Ramos y en una más con Pedro Franco y Román Torres, convertidos en una muralla.

Millos también estuvo a punto de aumentar la cuenta en una acción de Wason Rentería que salvó Henao. Después, el número 18 volvió a aparecer y en dos minutos desperdició dos opciones claras, generadas por Harrison Otálvaro.

Y casi de inmediato cayó el invicto de Ramos, que llevaba seis partidos y medio sin recibir gol. Mario González aprovechó un rebote al borde del área y le pegó a la pelota sin dejarla picar, para el 1-1, justo hasta ese momento.

La anotación despertó a Millonarios. O mejor, lo obligó a cambiar de actitud. Otálvaro, quien había ingresado por José Luis Tancredi, comenzó a juntarse con el reemplazante de Máyer Candelo, Ómar Vásquez.

Por fin el local parecía el azul. Henao les sacó remates a Vásquez y Otálvaro, antes de que Wilberto Cosme lo encarara en solitario, tras un magistral pase de Pedro Franco. Justo cuando el delantero embajador iba a rematar, fue derribado al borde del área por Pablo Frontini, penalti y roja para el defensa argentino.

Faltaban cinco minutos para el final. Wason se paró al frente de la pelota y remató al centro. Henao, especialista en atajar tiros desde los 12 metros, tocó la pelota, pero no le cambió el rumbo de gol.

Y los hinchas azules, que por un momento habían vuelto a la realidad, comenzaron a soñar de nuevo. Dejaron de pensar en las limitaciones que tiene su equipo para generar juego, olvidaron que Once Caldas puso las condiciones y el fútbol. Se pusieron a saltar, a disfrutar los 13 puntos y el liderato. A soñar, atrevido a estas alturas del torneo, con la estrella 14, mientras el Once tiraba sus restos en la cancha. El que gana es el que goza. Millonarios ganó, que gocen sus seguidores.

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